martes, 31 de julio de 2012

El precio de los sueños




Me proclamo seguidora fiel de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos. Incluso cuando no entiendo el deporte o los representantes españoles no aparecen en pantalla, ahí estoy yo. Ayer por la tarde, una nadadora lituana de apenas 15 años consiguió un oro. Cuando una joven de esas edad logra llegar tan alto, uno de los primeros pensamientos que te pueden venir a la mente es: esa chica ha pasado sus primeros, únicos y últimos 15 años a remojo. 

Son muchos los y las jóvenes que saborean el éxito antes de la mayoría de edad. Viven su día a día entre entrenamientos, sesiones de gimnasio y controles médicos. Apenas conocen lo que es una discoteca o dedicar los fines de semana a ir al cine o a tomar algo con los amigos, porque su vida gira en torno al deporte o su futura profesión. 

Son muchachos/as que viven por y para sus sueños. No existe otra idea en su cabeza que conseguir lo que se han propuesto. Aunque desde fuera pueden valorarse algunas objeciones en contra. Con tan solo 15 años, ¿no estará perdiendo algo tan valioso como su infancia y adolescencia? ¿No se habrán metido demasiado pronto en un mundo adulto? 

Puede llegar a plantearse la duda de si el precio que están pagando por vivir un sueño no es excesivamente alto. Al fin y al cabo, solo se vive una vez, solo tendrán una oportunidad de ser niños/as, y es probable que tanta dedicación implique pasar al siguiente escalón, ser mayor antes de tiempo. 

Aunque, por otro lado, ¿realmente se podría considerar que estos chicos y chicas no están disfrutando de su vida? Se supone que están dedicándose a algo que les llena y que disfrutan plenamente. Quizá el significado de vivir no siempre pase por jugar cuando se es niño, experimentar cuando se es adolescente y esperar a la edad adulta para sentar la cabeza. Puede que existan alternativas. Si algo te hace feliz, tengas la edad que tengas, ¿por qué no hacerlo? Resultaría negativo si el niño o la niña en cuestión no disfrutara de lo que hace, pero ¿ si disfruta? ¿por qué no animarle a que siga ese camino? ¿acaso no estamos en este mundo, principalmente, para ser felices? 

Desde el otro lado de la barrera, vivir por y para el deporte (o cualquier profesión que implique mucha preparación, estas premisas sirven para diferentes metas de la vida) puede parecer algo realmente sacrificado. Pero puede deberse a que, quienes piensan así, no comparten los sueños de los deportistas. Por un momento, hay que plantearse qué quiero conseguir yo en esta vida. Cuál es el gran sueño que tengo. Quizá, tras esta pregunta, empecemos a darnos cuenta de que, cada uno de nosotros/as, haríamos cualquier cosa por conseguir nuestros grandes objetivos. Y posiblemente no lo viviríamos como un sacrificio, porque al fin y al cabo estamos luchando por lo que realmente queremos conseguir. A veces resulta mas sacrificado ver algo que vivirlo. 

Son gente muy joven, ¿no será demasiado pronto para vivir un sueño? Si con 15 años lo has conseguido todo, ¿luego qué haces? En muchos campos, lo normal es ir consiguiendo metas a lo largo de toda la vida, no se suele ganar un premio Nobel con tan poca edad. Parece que la lucha dura tanto como nuestra existencia. Pero, ¿ qué ocurre en estos casos? Se llega un punto en el cual solo te queda competir contigo mismo, superarte, o superar a otros que llegaron al mismo punto que tú y no tuvieron ningún escalón que subir. O quizá la escalera siga ascendiendo. Pueden haber mas vías para continuar el camino. Llegará un día en que se deje la competición, en que ya no se quiera ser deportista. Pero quizá sea también una gran meta a conseguir ser entrenador de futuras estrellas, u ostentar un importante cargo dentro de los diferentes organismos dedicados al deporte para poder mejorar día tras día el mundo de las competiciones. Además, hay que tener en cuenta que la vida de un deportista es muy corta, si no se consigue lo propuesto siendo joven, ¿cuando? 

Es sí, hay que saber prevenir antes de curar. Hay que tener en cuenta que a los 30 o 35 años, esa persona puede querer colgar la toalla. Y algo habrá que hacer hasta la vejez. La vida deportiva siempre es bueno acompañarla de formación, aunque también esté relacionada con el deporte. Pero hay que asegurar un buen futuro para las futuras estrellas. Queremos que sean estrellas, no estrellados. Y no todas las estrellas acaban cobrando millones que les aseguran el porvenir. 

Aunque desde fuera, el mundo del deporte pueda parecer exagerado, peor es no hacer nada. Eso es un verdadero crimen. Y hay montones de jóvenes sin rumbo hoy en día. Se levantan por la mañana sin saber que hacer con ellos mismos. Podrán tener todo el tiempo del mundo para salir, conocer gente...pero, ¿realmente están viviendo? ¿ están exprimiendo cada segundo de su vida como si fuera el último? 

Cuando algo deja de apasionarte, deja de valer la pena. Y aunque para muchos algo suponga un enorme esfuerzo, para otros, eso es vivir. Hagamos lo que hagamos, que sea por nuestra felicidad. Esa es la gran meta que debemos perseguir todos: ser felices. 

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